
Así, todo era mágico.
Con el techo encantado y un castillo que miles de secretos oculta.
Con una minúscula túnica y ninguna insignia.
Así, como en tierra de nadie y de todos a la vez.
Como un libro en blanco que comenzaría a contar una historia de exactamente siete años.
Escuchas a McGonagall – que en ese entonces te creaba una nota mental “no te metas con ella”- decir que todo comenzaría y entiendes que no solo se refiere a la selección.
En cierto modo tu vida comenzaba y no puedes evitar reír nerviosamente.
El baile inicia, y tú estás invitado







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